Marie-Josée Diantete, una auxiliar de enfermería francesa de origen congoleño, retomó su primera pasión descubierta en Kinshasa, la costura, para "devolverle la dignidad" a los ancianos dependientes.

Inclinada sobre su máquina de coser con una cinta métrica alrededor del cuello, termina un pantalón con un bolsillo grande en cada pernera y botones para abrirlos. Ese modelo un tanto extraño, fruto de su imaginación, es un pedido de una residencia de ancianos.

Los bolsillos esconden sondas urinarias que ya no tienen que dejarse en el suelo o en una bolsa.

"Intento adaptar mi ropa a la morfología de las personas, está hecha a medida en función de las patologías", explica la costurera quincuagenaria.

La idea surgió hace unos años en la residencia de ancianos donde trabajaba, cuando la hija de una residente le pidió que hiciera un vestido "práctico y bonito" para su madre.

En octubre de 2017, lanzó su propia marca "Marie Ange & Flory", el nombre de sus hijas, que la ayudan con los aspectos administrativos.

En su piso de Cenon, en las afueras de Burdeos, en el suroeste de Francia, Diantete diseña numerosas prendas que serán probadas en las residencias de ancianos y por particulares, como un gran babero de algodón y PVC o una falda que permite esconder la correa de una silla de ruedas.

"Aliviar el sufrimiento"

"Para una persona mayor, esto le aporta dignidad y alivia su sufrimiento. Para los cuidadores, permite ganar tiempo", dice la costurera a propósito de la ropa que crea.

A veces utiliza tejidos africanos para las mangas o los puños, una forma de recordar sus orígenes congoleños.

Su relación con la costura empezó en República Democrática del Congo, su país natal. De joven estudió tres años en el único Instituto Superior de Artes y Oficios del país y enseñó costura en un instituto técnico.

Tras viajar a Bélgica para mejorar en su oficio, se instaló un año después con unos amigos en la región de Burdeos, pero no encontró un trabajo en su ramo.

"En aquel momento había seis o siete lugares de retoques en Burdeos. Así que hice trabajillos", recuerda.

En 1994 se casó, luego fundó una familia y se divorció, pero nunca se olvidó de la costura. "Era mi pasión. Seguí haciendo ropa para mis hijas, mis amigos... Nunca lo dejé".

Diantete aprobó finalmente las oposiciones de auxiliar de enfermería y prefirió trabajar en una residencia de ancianos en vez de hacerlo en un hospital. "Entonces me lo pasé bien. Hablaba con ellos. Me decían: 'Marie-Josée, ven a mi habitación, vamos a charlar'. Me recordaba a mis abuelos" en Kinshasa, dice con una sonrisa.

Tras 15 años como auxiliar de enfermería, ahora trabaja a tiempo parcial y se dedica al desarrollo de su empresa. Tiene previsto contratar a una o dos personas como aprendices, y acaba de viajar a Portugal, donde quiere hacer fabricar algunas prendas en un taller de Oporto.

Veinticinco años después de abandonar África, espera poder ganarse otra vez la vida gracias a su pasión, con "ropa práctica, bonita y colorida".(AFP)

 

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