Los artesanos del tejido a mano de Nigeria se resisten a cualquier automatización
En Iseyin, una tranquila localidad del suroeste de Nigeria, los espacios a la sombra de los árboles, los cobertizos improvisados y los estrechos callejones se convierten en centros de producción de aso-oke, un tejido artesanal autóctono del grupo étnico yoruba.
La demanda de este tejido se ha disparado recientemente tanto en el país como en el extranjero, impulsada por los nigerianos de la diáspora y la creciente popularidad mundial de la cultura de la moda y la música del país.
Sin embargo, los artesanos que lo elaboran se resisten a la mecanización, insistiendo en que el tejido a mano es lo que lo hace único.
Situada a unos 200 kilómetros (130 millas) de Lagos, el centro cultural y de la moda, Iseyin está considerada la cuna del aso-oke.
Bajo un sol sofocante en una mañana bochornosa, metros de hilo y tejidos recién elaborados se extienden y enredan en un espacio polvoriento, rodeado de cobertizos desgastados donde los tejedores trabajan tras telares de madera.
Jóvenes, incluidos licenciados universitarios, acuden en masa a Iseyin para aprender un oficio que se ha convertido en un salvavidas económico para muchos.
Con el torso desnudo y sus bíceps tatuados relucientes, Franscisco Waliu se sentaba ante su telar de madera, cuyo constante clic-clac llenaba el aire mientras tejía una tela de color crema y azul.
Hace una década, Waliu abandonó su carrera como cantante en los clubes nocturnos de Lagos para aprender a tejer aso-oke.
Admite que al principio le costó adaptarse a las exigencias físicas del tejido, pero no se arrepiente de su decisión.
“Ahora me gano la vida dignamente tejiendo aso-oke y estoy satisfecho”, ha declarado a la AFP este hombre de 34 años.
Telares antiguos, nuevas generaciones
El aso-oke, que traducido libremente significa “la tela de tierra adentro”, es un tejido grueso, a menudo de vivos colores, que se ha convertido en un básico en Nigeria, la capital de la moda de África.
Se utiliza tanto en trajes de ceremonia tradicionales como en prendas de moda llamativas y ropa informal.
Las tiras se cosen a otras prendas de tela, dándoles un toque de color y clase.
Meghan Markle lució una falda cruzada y un chal de aso-oke durante una visita a Nigeria hace dos años con su marido, el príncipe Harry de Gran Bretaña.
En Iseyin, el ritmo constante de los viejos telares de madera es la banda sonora de una tradición transmitida de generación en generación.
El aso-oke sigue siendo tanto un símbolo cultural como un marcador de identidad.
Antiguamente, la producción incluía la preparación de hilos de algodón o seda.
Las fibras se limpiaban, se hilaban y se teñían, a menudo con métodos tradicionales, antes de colocarlas en los telares.
Entonces, las opciones de color eran limitadas.
Hoy en día, los tejedores dependen cada vez más de hilos listos para el telar en una gran variedad de colores, “la mayoría importados de China”, ha explicado el tejedor de 42 años Abdulhammed Ajasa.
Los artesanos trabajan durante horas colocando los hilos en los telares para crear tiras estrechas con motivos muy apretados, que luego se cosen para formar telas más anchas para prendas y accesorios.
“Esto es por lo que se conoce a Iseyin”, ha dicho Kareem Adeola, de 35 años, desde su telar. “Lo hemos heredado de nuestros antepasados”.
Aunque muchos tejedores de Iseyin son hombres de mediana edad, los más jóvenes, como Waliu, están entrando en el oficio, aportando nuevas ideas y habilidades.
Algunos contratan a artistas gráficos para desarrollar nuevos diseños.
“Destinado a ser tejido a mano”
A pesar de la creciente demanda, el oficio se ha mantenido en gran medida fiel a sus raíces rudimentarias.
Los intentos de mecanizar la producción han sido limitados o han fracasado en gran medida.
“Si se utiliza una máquina para tejer aso-oke, no queda tan bien como si se tejiera a mano”, ha comentado Adeola, mientras tejía una pieza amarilla y verde oliva.
“La gente ya lo ha intentado antes y no ha funcionado. Está destinado por Dios a ser tejido a mano”.
Seguir los métodos de tejido tradicionales supone un gran esfuerzo y conlleva riesgos para la salud relacionados con la permanencia prolongada en posición sentada, ha señalado un tejedor.
Sin embargo, los tejedores insisten en que el minucioso proceso define la autenticidad del tejido.
Tradicionalmente usado por la clase rica y dirigente nigeriana en ocasiones especiales, ahora adorna los estudios de los diseñadores en las principales ciudades, se exhibe en las pasarelas de Londres y París y se transforma en zapatos, bolsos y carteras.
“Ya no se reserva para ocasiones especiales”, ha declarado a la AFP Isiaq Yahaya, un matemático de 45 años.
Oportunidades globales
Los diseñadores afirman que la creciente exposición internacional del aso-oke lo ha catapultado a la categoría de tejido global, pero también ha suscitado preocupación por la propiedad cultural.
“No hay nada de malo en que tu cultura la lleven otras personas”, ha dicho Ayomitide Okungbaye, el director creativo de 31 años de Tide Chen, con sede en Lagos, que ha expuesto diseños de aso-oke en Londres.
“Donde empezamos a tener un problema es cuando hay una apropiación indebida o la gente empieza a reclamar su autoría”.
El adire, otro tejido yoruba producido con la técnica del tie-dye, ya está sufriendo los efectos de las falsificaciones chinas.
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