Una diseñadora de moda ucraniana presenta su arte entre ataques aéreos
En el museo de arte más grande de Kiev, Arina Petrova y su padre, Serhii, daban afanosamente los últimos retoques a sus maniquíes, preocupados por la posibilidad de que un ataque de drones rusos pudiera retrasar su esperado debut.
El dúo de diseñadores de la casa de arte ucraniana “Bob Basset” estaba a punto de presentar la primera colección de Petrova: una serie de trajes de animales de cuero de inspiración punk.
Pero con los drones rusos estrellándose a diario en la capital ucraniana y provocando alertas aéreas que paralizan la vida en la ciudad, el dúo tenía preocupaciones más urgentes.
“Si tiene que ser en el refugio, pues lo haremos en el refugio”, declaró Petrova a la AFP, y añadió que estaba preparada para bajar a todos los modelos y al violonchelista al sótano para presentar su trabajo.
Petrova y su padre, de 50 años, dirigen su estudio de moda punk desde Járkov, una ciudad muy castigada por los ataques y cercana a la frontera rusa.
Tras llegar a la capital en minibús con sus diseños, el dúo quería demostrar a través de su arte que Járkov seguía muy viva.
A Petrova le preocupaba que un dron pudiera interrumpirlo todo.
“Queremos tener tiempo para decir lo que queremos decir”, dijo con un suspiro la joven de 28 años.
Si se interrumpía, continuarían bajo tierra, incluso si tuvieran que usar las linternas de sus móviles para iluminar el desfile, aseguró.
Mientras Petrova ajustaba los cordones de un corsé, una alarma comenzó a sonar: varios drones rusos se acercaban a la capital.
Los guardias de seguridad evacuaron al público.
Fuera, una mujer con un vestido rojo posaba para un fotógrafo. Se oyó una fuerte explosión, ella se estremeció y, sin dudarlo, retomó la pose con una sonrisa.
A lo lejos, una columna de humo negro se elevaba entre los edificios.
“Volverse un poco más feroces”
Mientras que otros diseños presentados en la Fashion Week de Kiev estaban llenos de color, la colección de Bob Basset era monocromática.
Frente a grandes cortinas negras, los diseñadores ajustaban un peto de cuero negro adornado con un diseño similar a plumas, que se combinaría con una máscara de caballo negra.
Para su primera colección, titulada “Mutabor” (“me transformaré”, en latín), Petrova basó sus diseños en criaturas que su padre había imaginado: animales oscuros, emplumados y con garras.
“Siento que durante la guerra, todo el mundo tiene que volverse un poco más feroz... que le crezcan colmillos”, declaró la diseñadora a la AFP.
“Adquieres algo del animal que te hace más fuerte”.
Antes de la invasión rusa en febrero de 2022, Bob Basset se había forjado una reputación diseñando máscaras de cuero, algunas de las cuales han lucido las bandas de metal Korn y Slipknot.
Pero cuando las tropas rusas se acercaron a las afueras de Járkov en 2022, el grupo cerró su taller y la familia se trasladó al oeste.
Lejos de su ciudad natal, Serhii cayó en una depresión.
Tras dejar a su mujer y a sus hijos a salvo en Europa, regresó a Járkov, que se encontraba bajo los bombardeos.
“Tengo miedo”, dijo. “Pero tengo aún más miedo de no poder hacer nada mañana”.
Su colección en la Fashion Week de Kiev es la primera que presentan en 11 años.
Moda entre las bombas
Serhii, que lleva una máscara para ocultar su estrabismo, ha convertido las máscaras en el centro de su trabajo, una forma de reinventar su identidad.
Comenzó a crear máscaras de forma gratuita para los soldados heridos que querían ocultar sus cicatrices.
Su hija se unió a él y, a pesar de las noches en vela, el taller de Járkov volvió a la vida.
“Si no hubiera vuelto, esta colección nunca habría existido”, afirmó.
A pocos minutos del desfile, Petrova parecía nerviosa.
En Járkov, la ansiedad la mantenía despierta por la noche, mientras Rusia bombardeaba almacenes y centros logísticos, lo que complicaba su trabajo.
“Si algo alcanza el estudio, todo en lo que hemos trabajado durante un año desaparecerá”, dijo.
“Cada día tenemos la sensación de que nos queda muy poco tiempo. Algo podría pasar y que nunca pudieras terminar”.
Durante un breve respiro de los ataques, un violonchelista tocó durante unos instantes.
Luego, en silencio, las modelos se abrieron paso entre el público, con los rostros cubiertos por máscaras, entre los flashes de los teléfonos móviles.
La performance terminó con una mezcla de aplausos y sirenas antiaéreas.
Una mujer se acercó a Serhii para felicitarle; llevaba un vestido hecho con piezas de drones.
En el patio, Petrova sonreía, a pesar de las explosiones de las defensas antiaéreas en el cielo.
Está acostumbrada. En Járkov, “solo quedan los que son capaces de crear en estas condiciones”, afirmó.