China se defiende de la acusación de sobrecapacidad y pone el foco en las cadenas textiles

Pekín cuestiona que sus exportaciones y capacidad productiva sean una prueba de exceso, mientras su peso en la maquinaria, los materiales y el suministro textil mundial sigue creciendo
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Pekín, China. Créditos: JuniperPhoton, Unsplash
Por Diane Vanderschelden

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En un documento inédito publicado a finales de julio, China ha rebatido frontalmente las acusaciones occidentales de “sobrecapacidad” industrial.

Aunque el texto se centra principalmente en los vehículos eléctricos, las baterías y las tecnologías avanzadas, su razonamiento también afecta al sector textil. Pekín rechaza la idea de que un superávit comercial o una elevada capacidad de producción sean suficientes para demostrar una distorsión del mercado.

Esta postura llega en un momento en que los industriales chinos del textil y la confección siguen figurando entre los más poderosos del mundo y sus competidores asiáticos ya sufren la presión de las exportaciones chinas. La palabra se ha convertido en una de las más sensibles del comercio mundial: sobrecapacidad.

Desde hace varios años, Estados Unidos y, en menor medida, Europa acusan a China de producir más de lo que su mercado interno puede absorber en diversos sectores, para luego vender ese excedente en el extranjero a precios que podrían debilitar a los productores locales.

Durante mucho tiempo, el problema se centró en el acero o los paneles solares, pero se ha extendido progresivamente a los vehículos eléctricos, las baterías, los equipos industriales y las tecnologías relacionadas con la transición energética. Ahora, Pekín busca responder a esta acusación en el terreno de los principios.

El 28 de julio, el Ministerio de Comercio de China publicó un documento titulado “China’s Position on the So-called Excess Capacity Issue”, dedicado a la cuestión de la “denominada sobrecapacidad”. El texto sostiene, entre otras cosas, que el concepto no cuenta con una definición internacional única ni figura, como tal, en los acuerdos de la Organización Mundial del Comercio.

Esta nueva doctrina es la que analiza EcoTextile News en un artículo publicado el 10 de agosto por Stephen Frost bajo el título “China rejects excess capacity textile claims”. El medio destaca que, aunque el documento chino se centra principalmente en los sectores industriales que actualmente están en el centro de las tensiones comerciales, su argumentación tiene implicaciones directas para el textil y la moda. Y no son, ni mucho menos, secundarias.

Pekín cuestiona, en primer lugar, la propia definición de “sobrecapacidad”

Para Pekín, el primer argumento es que no existe un umbral universal que permita decretar que una industria tiene “demasiada” capacidad productiva. El equilibrio entre la oferta y la demanda evoluciona con los ciclos económicos, los avances tecnológicos y la geografía de las cadenas de valor.

El documento chino presenta así la capacidad mundial como un sistema dinámico: equilibrio, desequilibrio y reequilibrio. Una capacidad excedentaria en un momento dado puede volverse necesaria unos años más tarde si la demanda aumenta o si surgen nuevos mercados.

Este razonamiento es especialmente importante para el sector textil. Una fábrica china que produce para un cliente vietnamita, bangladesí o pakistaní no responde necesariamente a una demanda “china”, sino que participa en una cadena de valor que se ha vuelto global.

Este es precisamente uno de los argumentos esgrimidos por Pekín. China recuerda que sus exportaciones de maquinaria textil y equipos industriales han contribuido al desarrollo de varios grandes países productores de prendas de vestir. Según el documento, las exportaciones chinas de maquinaria textil a los países en desarrollo superaron los 30,000 millones de dólares entre 2012 y 2024, contribuyendo especialmente al desarrollo de las industrias textiles de Vietnam, Pakistán y Bangladés.

En otras palabras, Pekín quiere desviar el debate. Lo que parece una capacidad excedentaria china puede ser también una capacidad productiva integrada en una cadena de valor internacional.

El textil es, sin embargo, un caso especialmente interesante

Aquí es donde el análisis de EcoTextile News merece una mayor profundización. Porque el sector textil chino no es un simple proveedor más. Sigue constituyendo uno de los principales centros de producción de la cadena mundial, desde las fibras y los hilos hasta los tejidos, la maquinaria y una parte de la confección.

Y las cifras chinas demuestran que sí existe un margen de capacidad. Según la Oficina Nacional de Estadísticas de China, la tasa de utilización de la capacidad de la industria textil se situó en el 77,5 por ciento en 2025, frente al 78,5 por ciento del año anterior. En el cuarto trimestre, alcanzó el 77,1 por ciento.

Hay que ser precisos: una tasa de utilización del 77,5 por ciento no significa automáticamente que exista una “sobrecapacidad” del 22,5 por ciento. Una fábrica no funciona necesariamente al 100 por cien de forma permanente. Las paradas por mantenimiento, los cambios de serie, la estacionalidad, la diversidad de productos y las limitaciones comerciales hacen que este cálculo sea mucho más complejo.

Pero la cifra no deja de ser interesante. Muestra que la industria textil china dispone de una reserva de capacidad significativa, a pesar de que la tasa de utilización ha disminuido un punto en un año.

Por lo tanto, el debate no puede zanjarse afirmando simplemente que el concepto de sobrecapacidad no existe. La verdadera pregunta es más bien si esta capacidad disponible constituye un problema económico, una reserva productiva normal o una fuente potencial de presión sobre los mercados internacionales.

Pekín rechaza sobre todo la ecuación “exportaciones = sobrecapacidad”

China cuestiona directamente la idea de que un gran superávit comercial sea la prueba de una capacidad de producción excesiva.

Su argumento es que un país puede ser muy competitivo en ciertos sectores y exportar masivamente sin por ello producir de manera “excesiva”.

A este respecto, el ministerio chino cita varios sectores europeos: automoción, farmacia o cosmética. Recuerda que la Unión Europea registró en 2025 unos superávits de 92,2 mil millones, 214,6 mil millones y 11,6 mil millones de dólares, respectivamente, en estos sectores.

El argumento es políticamente eficaz, pero económicamente no basta para cerrar el debate. Porque, si bien un superávit comercial no es sinónimo de sobrecapacidad, una sobrecapacidad sí puede contribuir a generar exportaciones importantes cuando una demanda interna insuficiente obliga a los productores a buscar salidas en el extranjero.

Por lo tanto, ambos fenómenos no son equivalentes. Y es precisamente esta distinción la que podría estructurar la próxima batalla comercial.

La verdadera cuestión: ¿qué ocurre cuando la oferta crece más rápido que la demanda?

Aquí es donde el debate se vuelve mucho más concreto para el sector textil. Si una industria dispone de una capacidad importante, pero la demanda mundial avanza al mismo ritmo, el problema es limitado.

Si, por el contrario, la capacidad aumenta más rápido que la demanda, los industriales deben encontrar otras salidas. Pueden bajar los precios, exportar más, ganar cuota de mercado en el extranjero o deslocalizar parte de su producción.

Estos son los mecanismos que hoy preocupan a varias economías. Y el Sudeste Asiático ya ofrece ejemplos de ello.

El Financial Times señalaba recientemente que varios países de la región están sufriendo una presión creciente por las exportaciones chinas, también en las cadenas industriales y textiles. En Indonesia, la industria del textil y la confección habría perdido unos 250,000 puestos de trabajo desde 2022, en un contexto en el que la competencia de los productos chinos es uno de los factores de presión.

El fenómeno es, por tanto, más complejo que una simple oposición entre China y las economías occidentales. La cuestión de la capacidad china afecta también a los países emergentes que han basado precisamente su desarrollo industrial en su inserción en las cadenas de valor mundiales.

El dilema chino: desarrollar a sus vecinos y competir con ellos al mismo tiempo

Esta es probablemente una de las conclusiones más interesantes del documento. Pekín presenta su industria como un acelerador del desarrollo para los países emergentes.

China suministra la maquinaria, los componentes, las materias primas y los equipos que permiten a Vietnam, Bangladés o Pakistán producir y exportar más.

Pero esta integración también crea una dependencia. Los industriales de estos países pueden ganar competitividad gracias a los equipos chinos, pero al mismo tiempo quedan más expuestos a la competencia de las empresas chinas en los mercados internacionales.

El caso del textil es especialmente revelador. China ya no se limita necesariamente a vender ropa; también proporciona las infraestructuras industriales que permiten a otros países fabricarla. Es un modelo mucho más potente que una simple relación proveedor-cliente.

Y esta potencia industrial sigue siendo difícil de eludir

La actualidad reciente en torno a Shein ofrece un ejemplo especialmente elocuente.

Según Reuters, Shein ha reducido su proyecto de expansión industrial en Vietnam tras una experiencia que consideró decepcionante. Inicialmente, la empresa había previsto desarrollar considerablemente su capacidad logística y de producción en el país para reducir su exposición a China.

Sin embargo, a mediados de 2026, su implantación en Vietnam se había reducido considerablemente y parte de sus proveedores había regresado a China, donde los costes, la flexibilidad y la rapidez de producción siguen siendo especialmente competitivos.

Evidentemente, el caso de Shein no es representativo de toda la industria textil, pero ilustra una realidad importante: la diversificación geográfica de las cadenas de producción es más difícil cuando implica sustituir todo un ecosistema industrial.

China no solo tiene fábricas; tiene proveedores, maquinaria, materias primas, subcontratistas, operadores logísticos, conocimientos técnicos y capacidad para producir rápidamente a gran escala. Es esta profundidad industrial la que constituye su principal ventaja.

Una respuesta al auge del proteccionismo

El documento chino también debe leerse en su contexto político. Pekín acusa explícitamente a ciertos países de convertir la cuestión de la “sobrecapacidad” en un instrumento proteccionista.

El ministerio chino afirma que algunos gobiernos estarían utilizando este concepto para justificar restricciones comerciales y proteger sus industrias nacionales.

Esta postura se produce en un momento en que Estados Unidos ha iniciado una investigación en virtud de la Sección 301 sobre la capacidad industrial china y la Unión Europea también está estudiando nuevos instrumentos comerciales para hacer frente a los desequilibrios relacionados con la producción china. El ministerio chino ya advirtió en mayo de que las medidas europeas basadas en la “sobrecapacidad” podrían llevar a Pekín a tomar contramedidas.

La batalla ya no es solo económica. Se está convirtiendo progresivamente en una batalla sobre las reglas que determinan qué es una competencia aceptable.

Para el textil europeo, el desafío es considerable

Para la industria europea de la moda y el textil, este es un tema que merece un seguimiento atento. La Unión Europea sigue siendo extremadamente dependiente de las importaciones chinas. En 2025, importó bienes chinos por valor de 559,4 mil millones de euros, frente a los 199,6 mil millones de euros que exportó a China, lo que supone un déficit de 359,8 mil millones de euros. Las importaciones europeas procedentes de China aumentaron un +6,4 por ciento en un año.

Estas cifras se refieren al conjunto de las mercancías y no solo al textil, pero aun así dan una idea de la profundidad de la relación comercial.

En la moda, esta dependencia es especialmente compleja de reducir. Las marcas europeas pueden deslocalizar ciertas fases de la fabricación a Vietnam, Bangladés, India, Pakistán o Turquía. Pero muchos de estos países siguen dependiendo de China para las materias primas, los hilos, los tejidos, la maquinaria o determinados componentes.

Reducir la dependencia de China no consiste, por tanto, en trasladar una fábrica. A veces, es necesario trasladar todo un ecosistema.

El riesgo de una nueva fragmentación de las cadenas de valor

Aquí es donde la postura china adquiere una dimensión más amplia. Pekín defiende una visión en la que la globalización permite que la capacidad industrial se distribuya entre varios países en función de sus respectivas ventajas.

Sus detractores responden que una organización así también puede conducir a una concentración excesiva de la capacidad y a una competencia difícilmente sostenible para los productores que no operan a la misma escala.

Ambas interpretaciones pueden ser ciertas simultáneamente. China puede haber contribuido al desarrollo industrial de algunos países y, al mismo tiempo, ejercer una presión creciente sobre sus propios fabricantes.

Esto es lo que hace que el tema sea especialmente delicado para el sector textil. Una política destinada a limitar las importaciones chinas puede proteger a ciertas industrias locales, pero también puede encarecer los costes para las marcas y los consumidores y perturbar unas cadenas de suministro extremadamente integradas.

A la inversa, la falta de respuesta puede acelerar la desaparición de la capacidad industrial local. La elección no es, por tanto, entre “libre comercio” y “proteccionismo” en el sentido estricto. Se trata del nivel de dependencia industrial que una economía está dispuesta a mantener.

China también está cambiando de posición en la cadena textil mundial

Por último, sería un error considerar a China como una economía especializada únicamente en productos de bajo coste.

El propio documento del Ministerio de Comercio subraya que la proporción de productos intensivos en mano de obra en las exportaciones chinas ha disminuido, pasando del 20,7 por ciento en 2012 al 15,1 por ciento en 2025. Es un indicador interesante que demuestra que China busca ascender en la cadena de valor sin dejar de conservar una base industrial extremadamente amplia.

En el sector textil, esto significa que su influencia puede desplazarse gradualmente: menos hacia el producto acabado y más hacia la maquinaria, los materiales, las tecnologías de producción y las infraestructuras industriales. Este es un movimiento mucho más difícil de competir.

El documento chino no zanja, por tanto, la cuestión de la sobrecapacidad

Esta es, en definitiva, la principal conclusión que se extrae de la publicación analizada por EcoTextile News.

Pekín ofrece una respuesta política y económica coherente a una acusación que considera instrumentalizada. Recuerda, con razón desde el punto de vista conceptual, que un superávit comercial no constituye en sí mismo una prueba de sobrecapacidad y que no existe una definición internacional única de esta última.

Pero esto no basta para demostrar que toda la capacidad industrial china sea económicamente sostenible. Los propios datos oficiales chinos muestran una tasa de utilización de la capacidad del 77,5 por ciento en el sector textil en 2025, lo que supone un descenso interanual.

Por tanto, la pregunta pertinente quizá no sea: “¿Tiene China demasiada capacidad?”. Sino más bien: “¿Dónde se encuentra hoy la capacidad productiva necesaria para satisfacer la demanda mundial, quién la financia, a qué precio y con qué consecuencias para los demás productores?”

Es un debate mucho más complejo. Y para el sector textil, podría llegar a ser decisivo. Porque detrás de la disputa semántica sobre la “sobrecapacidad” se está jugando en realidad la futura geografía de la industria mundial de la moda: quién producirá, quién suministrará la maquinaria y las materias primas, quién captará el valor y, sobre todo, qué países seguirán teniendo mañana una base industrial lo suficientemente sólida como para decidir por sí mismos su futuro en el textil.

En resumen
  • China refuta las acusaciones occidentales de "sobrecapacidad" industrial, argumentando que no existe una definición internacional única y que el concepto se utiliza como herramienta proteccionista.
  • El sector textil chino, a pesar de una tasa de utilización de capacidad del 77.5% en 2025, sigue siendo un centro de producción global crucial, suministrando maquinaria y materias primas a otros países, lo que complica la diversificación de las cadenas de suministro.
  • La verdadera cuestión no es si China tiene demasiada capacidad, sino cómo se distribuye la capacidad productiva global, quién la financia y cuáles son las consecuencias para los demás productores, lo que definirá la futura geografía de la industria de la moda.
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